Cuando repetir curso no significa fracasar
Adolescente recibiendo apoyo durante dificultades escolares relacionadas con su salud mental.

Repetir curso por problemas de salud mental puede sentirse como un fracaso para un niño, un adolescente y su familia. Sin embargo, cuando existe depresión u otro problema emocional que ha interferido de forma importante con el aprendizaje, avanzar académicamente no siempre debería ser la única prioridad.

Detrás de unas notas bajas, ausencias frecuentes o dificultades para concentrarse puede existir un sufrimiento que necesita atención.

Para una familia, aceptar esta realidad no es sencillo.

Surgen preguntas inevitables:

¿Se está quedando atrás? ¿Perderá a sus compañeros? ¿Esto afectará su futuro? ¿Qué pensarán los demás?

Pero quizá haya una pregunta todavía más importante:

¿Qué necesita este niño o adolescente en este momento para recuperar su bienestar y continuar desarrollándose?

La depresión también afecta al aprendizaje

La depresión no es falta de esfuerzo, disciplina o capacidad.

Puede afectar la concentración, la energía, la motivación, el sueño y la forma en que una persona se relaciona consigo misma y con quienes la rodean. La Organización Mundial de la Salud señala que los trastornos de ansiedad y depresión pueden afectar considerablemente la asistencia escolar y el trabajo académico de los adolescentes.

Por eso, cuando un estudiante atraviesa una depresión, exigirle que funcione exactamente igual que antes puede añadir presión a una situación que ya resulta difícil.

Las calificaciones muestran una parte de lo que ocurre.

No siempre muestran cuánto esfuerzo está haciendo alguien simplemente para levantarse, concentrarse o atravesar el día.

Repetir curso por salud mental necesita una valoración individual

Esto también es importante: no deberíamos presentar la repetición de curso como la solución automática ante una depresión.

Cada niño y adolescente necesita una valoración individual.

En algunos casos puede ser posible continuar el curso con apoyos y adaptaciones. En otros, reducir temporalmente determinadas exigencias. Y habrá situaciones en las que repetir pueda considerarse dentro de un plan más amplio que permita recuperar estabilidad antes de asumir nuevamente determinadas demandas académicas.

La decisión debería considerar tanto las necesidades educativas como las emocionales y contar, cuando corresponda, con la participación de la familia, los profesionales de salud y el centro educativo.

La escuela también puede desempeñar un papel protector. La OMS destaca la importancia de entornos escolares seguros y de apoyo y reconoce la estrecha relación entre salud y educación.

Un curso académico no determina el futuro

Una de las mayores preocupaciones de los padres es pensar que su hijo se está quedando atrás.

Pero el desarrollo no es una carrera en la que todos tengamos que avanzar exactamente al mismo ritmo.

Repetir un curso puede resultar emocionalmente difícil. El niño puede compararse con sus compañeros, sentir vergüenza o interpretar la situación como una confirmación de que “no es suficientemente bueno”.

Por eso importa muchísimo cómo los adultos expliquemos lo que está ocurriendo.

No es lo mismo decir:

“Perdiste el año porque no pudiste.”

que transmitir:

“Este año fue difícil y necesitamos encontrar la mejor manera de ayudarte a recuperarte y continuar.”

Las palabras con las que acompañamos una experiencia también pueden influir en la manera en que un niño aprende a interpretarse a sí mismo.

Mientras se recupera, también está aprendiendo

El aprendizaje no ocurre únicamente dentro de un aula ni aparece siempre reflejado en un boletín de notas.

Durante un proceso de recuperación, un niño o adolescente puede estar aprendiendo a identificar sus emociones, pedir ayuda, reconocer sus límites y desarrollar herramientas para afrontar situaciones difíciles.

Puede estar reconstruyendo su autoestima.

Recuperando rutinas.

Volviendo a confiar en sus capacidades.

Aprendiendo que pedir apoyo no es una debilidad.

Son aprendizajes diferentes a las matemáticas, los idiomas o las ciencias, pero también forman parte de su desarrollo.

Recuperar la salud mental también forma parte del aprendizaje y del regreso a los estudios.

Acompañar sin convertir las notas en el centro de todo

Cuando existe un problema de salud mental, la familia puede convertirse en un espacio fundamental de seguridad.

Esto no significa eliminar todas las responsabilidades ni dejar de valorar el aprendizaje.

Significa encontrar un equilibrio.

Podemos interesarnos por cómo se siente el niño además de preguntarle por sus notas. Reconocer sus pequeños avances. Evitar comparaciones con hermanos o compañeros. Mantener comunicación con el centro educativo y seguir las recomendaciones de los profesionales que lo atienden.

La recuperación tampoco tiene un calendario idéntico para todos.

Acompañar también significa respetar el ritmo sin dejar de ofrecer estructura, apoyo y oportunidades para avanzar.

La salud mental también forma parte de la educación

Durante mucho tiempo hemos asociado el éxito educativo principalmente con calificaciones, títulos y velocidad para alcanzar determinados objetivos.

Pero educar también significa ayudar a niños y adolescentes a desarrollar recursos para afrontar la vida.

La OMS considera la adolescencia un periodo fundamental para desarrollar habilidades sociales y emocionales como la resolución de problemas, las relaciones interpersonales y la gestión de las emociones.

Por eso, atender la salud mental no significa abandonar la educación.

Significa reconocer que aprender y estar bien no deberían ser objetivos enfrentados.

A veces avanzar significa recuperar fuerzas

Puede resultar difícil observar cómo otros estudiantes continúan mientras nuestro hijo necesita más tiempo.

Pero una trayectoria diferente no tiene por qué ser una trayectoria peor.

Cuando existe depresión, lo importante es que el niño o adolescente reciba una valoración adecuada y el apoyo que necesita. Existen tratamientos eficaces para la depresión, y buscar ayuda profesional es especialmente importante cuando los síntomas interfieren con la vida cotidiana.

Un curso académico puede recuperarse.

La salud emocional merece ser atendida.

Y quizá, algunos años después, aquello que en su momento parecía un retroceso pueda comprenderse de otra manera: como una etapa en la que los adultos decidieron mirar más allá de las calificaciones y prestar atención a la persona que necesitaba ayuda.

Porque avanzar no siempre significa hacerlo más rápido. A veces significa recuperar fuerzas para poder continuar.

💙 ¿Crees que todavía damos demasiado peso al rendimiento académico cuando un niño o adolescente atraviesa dificultades emocionales?

En Centro Hope College seguimos compartiendo recursos para comprender y acompañar el bienestar emocional de niños, adolescentes y familias.

Centro Hope College

Comunidad Be a Hoper

Como enlace externo de autoridad, en el párrafo donde explicamos que la depresión afecta el aprendizaje enlazaría “Organización Mundial de la Salud” a esta información:

OMS — Salud mental de los adolescentes

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